viernes, 30 de septiembre de 2011

LA GUERRA FRÍA

CAPITALISMO Y SOCIALISMO

El mundo dividido en dos

El fin de Segunda Guerra Mundial, con la derrota de los Estados Fascistas, marcó el inicio de una nueva etapa en la historia mundial. El triunfo aliado no significó el fin de los conflictos, sino que inició un largo periodo de nuevas tensiones. A poco andar se hicieron evidentes los desacuerdos al interior del bando triunfador, perticularmente entre estadounidenses y soviéticos.

Estados Unidos y Rusia iniciaron sus enfrentamientos en 1917, cuando los revolucionarios tomaron el poder, creando la Unión Soviética, y declararon la guerra ideológica a las naciones capitalistas de Occidente. Estados Unidos intervino en la Guerra Civil rusa enviando unos 10.000 soldados entre 1918 y 1920 y después se negó a reconocer el nuevo Estado hasta 1933. Los dos países lucharon contra Alemania durante la II Guerra Mundial, pero esta alianza comenzó a disolverse en los años 1944 y 1945, cuando el líder ruso Iósiv Stalin, buscando la seguridad soviética, utilizó al Ejército Rojo para controlar gran parte de la Europa Oriental.

En febrero de 1945, y a pesar de sus profundas diferencias ideológicas, Stalin, Roosevelt y Churchill se pusierón de acuerdo sobre la rendición incondicional de Alemania, las futuras fronteras europeas y las respectivas zonas de influencia. También decidierón constituir una organización internacional en reemplazo de la desaparecida Sociedad de las Naciones. En la Conferencia de San Francisco, dos meses después, se fundó la Organización de Naciones Unidas (ONU).

El presidente estadounidense Harry S. Truman se opuso a la política de Stalin y trató de unificar Europa Occidental bajo el liderazgo estadounidense. La desconfianza aumentó cuando ambas partes rompieron los acuerdos obtenidos durante la Guerra Mundial. Stalin no respetó el compromiso de realizar elecciones libres en Europa Oriental. Truman se negó a respetar sus promesas de envío de indemnizaciones desde la Alemania derrotada para ayudar a la reconstrucción de la Unión Soviética, devastada por la guerra.


Finalizada la guerra, los “tres grandes” (Stalin, Truman y Attlee) volvieron a reunirse, ahora en Potsdam. Acordaron cómo se realizarían los tratatos de paz con Alemania y sus antiguos aliados: Italia, Hungría, Bulgaria, Rumania y Finlandia. Analizaron también problemas como el de las reparaciones enemigas, el reparto del parque industrial y marítimo alemán, la desnazificación de Alemania, la democratización y administración del Japón, el destino de las colonias. Muy pronto se pusierón de manifiesto las profundas divergencias que separaban a las naciones occidentales de la URSS y las naciones del bloque oriental. La consecuencia de mayor duración y que tuvo al mundo, eventualmente, al borde de una tercera guerra mundial, fue la Guerra Fría.

Curiosamente, EE.UU y URSS habían sido aliados durante la última conflagación mundial, cuando enfrentaron a Alemania de Hitler, que entendían era el gran enemigo de la humanidad. Lograda la paz – después de experimentar ese otro gran horror que fueron las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki – la situación volvió a poner en veredas distintas a los antiguos socios, en medio de una situación internacional polarizada en extremo y temerosa, hasta la paranoia, de una nueva guerra de resultados imprevesibles.

A pesar de que Gran Bretaña y Francia también participaron del triunfo aliado, los elevadísimos costos materiales y sociales de la guerra impidieron todo intento de estas y otras naciones europeas por volver a ejercer el liderazgo a nivel mundial. Estados Unidos y la Unión Soviética fueron, entonces, los países que experimentaron los mayores beneficios del triunfo aliado. Albpoco tiempo, estos dos Estados alcalzaron un gran poderío, no solo militar y económico, sino también ideológico.

EEUU promulgó la ideología capitalista y se convirtió en el máximo referente para las democracias que promovían la libertad de las naciones.

La Unión Soviética, se basó en la ideología comunista y ejerció una enorme influencia sobre los estados socialistas y sus adherentes esparcidos por el orbe.

Terminada la guerra, el gran derrotado fue la Alemania nazi, pero el vencedor no fue la humanidad: fue el comunismo. Numerosos países de Europa del Este y también asiáticos cayeron bajo la órbita soviética: Hungría, Bulgaria, Polonia, Checoeslovaquia, Rumania, Estonia, Letonia y Lutania, además de una parte importante de Alemania, por nombrar algunos de elllos. Juntos constituyeron la “cortina de hierro”. 




El socialismo en un solo país que había proclamado Stalin, se transformaba en un imperio creciente y poderoso. La consolidación se produjo en 1955, con la firma del Pacto de Varsovia, por el cual comprometían ayuda mutua en caso de que alguno de ellos una agresión. Adicionalmente, la URSS se preocupó de reprimir cualquier intento de libertad o autonomía, así como las protestas pacíficas contra el sistema comunista. 


El ejemplo más notable y simbólico fue la Primavera de Praga de 1968, cuando fueron duramente reprimidos los inicios de un socialismo democrático en Checoeslovaquia, Leonid Brezhnev, el jerarca soviético, argumentó que la URSS tenía derecho a intervenir en los asuntos internos de los países socialistas cuando el régimen comunista de esas naciones estuviera en peligro.

Adicionalmente, la fuerza comunista se expandió al Asia, donde China, tras una sangrienta guerra civil, adoptó el régimen rojo. Su lider, Mao Zedong, proclamó en 1949, la República Popular China. Con la llamada revolución cultural china, el socialismo se impuso definitivamente.

Quedaban enfrentados dos sistemas y formas de ver el mundo: el liberalismo norteamericano y el comunismo soviético. Otras alternativas pre – Segunda Guerra, como los totalitarismos nazi y fascista, habían muerto con sus líderes, Hitler y Mussolini.

Estados Unidos se convirtió en el baluarte de lo que se denominó “el mundo libre”, el que escapaba de la órbita comunista y desarrolló una política internacional fuerte. En 1947 se proclamó la doctrina Truman, que prometía ayuda militar a todos los “pueblos libres”, asumiendo en alguna medida la dirección política de Occidente. 


Estados Unidos otorgó apoyo económico para la reconstrucción de Alemania y Japón, devastados durante la Segunda Guerra, con lo cual ambos países emergieron con novedosos sistemas democráticos y economías abiertas. 


EEUU se comprometió con acuerdos militares, apoyo político y económico a los gobiernos dictatoriales, además de una importante acción en propaganda. Incluso más, la Central de inteligencia Americana (CIA) intervino directamente en la política interna de algunos países y también contribuyó a derrocar gobiernos.

La Guerra Fría se caracterizó, entre otras cosas, por permanente amenaza nuclear de las superpotencias, así como por la eventualidad de una tercera y más sangrienta guerra mundial. 


 El conflicto se le denominó “frío”, porque en ningún momento estas dos potencias se enfrentaron directamente en una guerra directa o “caliente”. Lo que hubo fue, más bien, un estado permanente de tensiones y conflictos aislados esparcidos por todo el mundo, así como una intensa campaña propagandística en la que cada potencia exaltaba sus cualidades y los defectos de sus adversarios.

Esta nueva forma de relaciones internacionales fue conocida como Guerra Fría. Este período se extendió desde el fin de la Segunda Guerra en 1945 hasta 1991, Así, fue casi medio siglo en que el mundo estuvo dividido en dos bloques antagónicos.

Un duro golpe para EEUU fue el triunfo en 1959, de la Revolución Cubana, encabezada por el lider Fidel Castro sobre la dictadura de Fulgencio Batista, tras una dificil lucha. Fidel, carismático personaje, adhirió al maxismo internacional y fue duramente condenado por Estados Unidos, que decretó un boicot económico. Castro condenó la intervención yanqui e invitó a los demás países americanos a sumarse al socialismo. 


El impacto de Fidel y del guerrillero Errnesto “Che” Guevara fue inmenso en el continente, y numerosos países buscaron seguir el mismo camino socialista. El que estuvo más cerca fue Chile, con el proyecto, que la Unidad Popular entre 1970 – 1973, que culminó también con una intervención militar, apoyada por amplios sectores civiles y políticos chilenos, pero también por los Estados Unidos.

Fue precisamente en la isla centroamericana donde se produjo la mayor crisis de la postguerra, cuando el 14 de octubre de 1962, se descubrieron misiles soviéticos en la isla, en un evidente esfuerzo por convertir a Cuba en una gran base militar. Kennedy, el presidente norteamericano, amenazó con sus fuerzas militares, dispuestas a partir a una inmediata guerra, que sólo fue abortada por la decisión de la URSS de retirar sus cohetes. Fue la denominada crisis de los misiles.

En Asia fue la otra gran aventura de la Guerra Fría. En ese continente, Vietnam del Norte había adoptado el régimen socialista tras la II Guerra Mundial, al mando de su lider Ho Chi – Min, y con un evidente apoyo chino y soviético. 


Vietnam del Sur por su parte fue gobernado por su fervoroso anticomunista, Ngo Din Diem, que tuvo ayuda de los EEUU de Norteamérica, aunque su gobierno carecía de popularidad. Diem fue asesinado en 1963 y pronto se vio posible la extensión del comunismo a Vietnam del Sur. EEUU quiso impedirlo, iniciándose una larga y dificil guerra que hacia 1968 concentró a más de 500 mil norteamericanos en Vietnam. Tiempo después, el Presidente Nixon de los EEUU puso fin a la intervención en Vietnam, donde finalmente se adoptó un régimen comunista.

La unión Soviética y Estados Unidos intentaron mantener su seguridad y ampliar o proteger sus zonas de influencia- Para ello, utilizaron todos los medios posibles con el fin de contrarrestar el poder de su enemigo y de ganarse adeptos a nivel mundial. Por ejemplo:

“Se han cubierto de sombras los escenarios que hasta hace poco iluminaba la victoria aliada. Nadie sabe lo que pretenden hacer en el futuro inmediato la Rusia Soviética y su organización comunista internacional, ni cuáles son los límites, si los hubiere, a sus tendencias expansivas y proselitistas. (…) Desde Stettin, en el Báltico, a Trieste, en el Adriático, ha caído un telón de acero que atraviesa el continente. Detrás de esa línea se encuentran todas las capitales de los antiguos Estados de Europa central y del este (...)”.

Discurso de Winston Churchill en el Westminster College,
Fulton, Missouri, EEUU, 1946.

Después de este discurso, la idea simbólica del “telón de acero” se materializó en algunos sectores con muros o cercos, como el que se observa en la imagen siguiente, en la zona de Bratislavia, Eslovaquia, que separaba la Europa occidental de la comunista.

Algunas de estas formas de demostración de poder y presión fueron:

  • El desarrollo de una verdadera carrera de armamentos, cuyo objetivo fue intimidar al openente y brindar protección a sí mismos y a sus aliados.
  • Una intensa propaganga ideológica orientada a convencer a la población mundial de los beneficios que brindaba el sistema propio de cada superpotencia.
  • Diversas formas de espionaje a través de servicios secretos. Tanto la CIA norteamericana, como la KGB soviética fueron mecanismos de gran relevancia a la hora de neutralizar los planes del contrario o sacar ventaja en diversos aspectos.
  • Las presiones políticas y económicas fueron una forma habitual de mantener a los países aliados en esa posición o bien de obligar a los del bloque contrario a cambiar su postura.
  • La guerra localizada, es decir, en zonas específicas de países subdesarrollados, con el fin de mantener el dominio sobre la zona.

Tal como lo había anunciado Winston Churchill, la división de Europa entre un Este dominado por la influencia soviética y un Occidente cobijado por los Estados Unidos se hizo cada vez más evidente. En 1947, Estados Unidos decidió seguir los lineamientos dictados por la llamada doctrina internacional destinadas a frenar los avances del comuunismo, Así se dio origen a una política exterior de contención.

Uno de los mecanismos más sobresalientes de esta política fue el programa de Reconstrucción Europea o Plan Marshall, anunciado en 1947 por el secretsario de Estados Unidos, George Marshall y aprobado en 1948. Este plan se orientó a reactivar las economías europeas.


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