viernes, 30 de septiembre de 2011

PLAN MARSHALL

Tal como lo había anunciado Winston Churchill, la división de Europa entre un Este dominado por la influencia soviética y un Occidente cobijado por los Estados Unidos se hizo cada vez más evidente. En 1947, Estados Unidos decidió seguir los lineamientos dictados por la llamada doctrina internacional destinadas a frenar los avances del comuunismo, Así se dio origen a una política exterior de contención.

En otro ámbito, una de las tareas de la post – guerra fue la reconstrucción de Europa. Uno de los mecanismos más sobresalientes de esta política fue el programa de Reconstrucción Europea o Plan Marshall, anunciado en 1947 por el secretsario de Estados Unidos, George Marshall y aprobado en 1948. Este plan se orientó a reactivar las economías europeas.

El Plan Marshall fue una ayuda decisiva de Estados Unidos a Alemania, pero también hubo factores culturales de gran importancia. Francia y Alemania olvidaron viejas guerras y seculares demandas de reivindicación y firmaron en 1963 un tratado de amistad franco – alemana, entre el General Charles de Gaulle y el canciller alemán Konrad Adenauer. El ambiente proclive a la paz permitió incluso ideas como de crear los Estados Unidos de Europa, que no prosperó.

Sin embargo, más adelante fue posible crear la Comunidad Económica Europa (CEE) y en 1957 la comunidad Atómica de Europa (Euratom). La primera de ellas pretendía hacer posible un mercado común, con moneda común, y otras formas de integración, muchos de cuyos efectos se han visto durante el siglo en Europa Occidental. Aello se suma la existencia del Parlamento Europeo, instancia de integración política en el viejo continente.

Al comenzar el siglo XXI, la unidad europea tuvo otra manifestación de confianza, a través de la creación del EURO, moneda única de una organización que vio desaparecer en corto tiempo las pesetas españolas, las liras italianas y los francos franceses, por ejemplo. La excepción ha sido Inglaterra, que continúa con las libras esterlinas y con un debate en torno a su integración a la moneda común.

Poco después de la segunda guerra, en 1949, diversas naciones dieron origen a la OTAM, Organización del Tratado del Atlántico Norte. A la iniciativa se unieron EEUU, Canadá, Bélgica, Francia, Gran Bretaña, Holanda, Islanda, Italia, Luxemburgo, Noruega y Portugal. Más tarde se sumaron Grecia, Turquía y la República Federal Alemana. La OTAN se comprometía a que los aliados se apoyaran recíprocamente en el ámbito militar. También EEUU contribuyó con convenios bilaterales a completar el sistema defensivo occidental, que reflejaba de manera clara a un mundo dividido a partir de dos grandes potencias.






El bloque soviético rechazó el ofrecimiento y obligó a sus países satélites a hacer lo mismo, alegando que el plan era un instrumento del imperialismo y la hegemonía americana.

Dieciséis países aceptaron la ayuda y se creó la OECE (Organización Europea de Cooperación Económica) para repartir y concretar los beneficios. En total fueron trece mil millones de dólares invertidos principalmente en Gran Bretaña, Francia, Italia y Alemania occidental. El objetivo de esta política fue darle un nuevo impulso a las economías de estos países y, con ello, elevar el nivel de vida de los ciudadanos. De esta manera, se alejarían los riesgos de penetración del comunismo, que surgía con mayor facilidad precisamente en ambientes de descontento y frustación social. El éxito del plan fue esencial para la recuperación económica y el asentamiento de los régimenes democráticos en Europa Occidental.

La respuesta soviética no se hizo esperar. Stalin decidió contrarrestar los efectos del programa norteamericano, ya que le inquietaba la fuerza que adquiría y las simpatías que podía generar incluso dentro de su propia área de influencia al interior de Europa. Así, además obligar a los Estados europeos del Este a rechazar la oferta de Estados Unidos, creó el COMECON o Consejo de Ayuda Mutua Economica.

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